domingo, 30 de diciembre de 2018

Intercambio a Alemania

Alemania no es tan distinta a España como solemos pensar. La gente no habla tan bajo como pensamos, también gritan; y no comen solo salchichas, comen de todo.
Lo más notable son los horarios. Madrugan más que nosotros y comen cada 2 horas. Pero después de cenar a las 5 de la tarde ya no tienen una comida grande como tal. Cuesta un poco hacerse a ello, pero en seguida te acostumbras.

Lo peor es el frío. La mayoría de los días las temperaturas son bajo cero, pero cuando nieva merece la pena.

Los días cunden mucho. Al comer a las 12, la tarde se hace muy larga. Aunque es extraño que se haga de noche a las 4 de la tarde. Cuando vuelves a casa a cenar ya estás pensando en irte a dormir casi, pero aún tienes toda la tarde por delante.

Allí celebran más la Navidad con los mercados navideños, el espritu navideño está en todas partes. Mientras que aquí podemos tener adornos por las calles, pero no se vive igual.

Y, finalmente, cabe destacar la visita al campo de concentración de Fuhberg. Impresiona ir recorriendo las celdas y pensar que donde estás pisando ha estado gente muchos años sufriendo. Ver el patio y pensar que allí se les sometía a trabajos forzados. El sufrimiento que esconden esos muros es inimaginable.
Pero es importante conocer la historia para comprender mejor las vidas de quienes sobrevivieron, y de quienes no. Ahora está en nuestras manos no cometer los mismos errores del pasado, porque de los errores se aprende y, aunque podamos lamentar las muertes que se produjeron, ya no podemos hacer nada para remediarlo. Solo podemos tratar de poner de nuestra parte para crear un futuro mejor.

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